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Mientras tanto, con el afán de difundir el vertiginoso progreso de la química, que seguía con tanta devoción, Craveri publicó en 1896; su "Anuario de los Medicamentos Nuevos" y la revista de "Los Medicamentos Nuevos", que se editó también en 1897 y en 1902. Dichas publicaciones fueron un invalorable aporte al desarrollo de la farmacopea y sirvieron por mucho tiempo de guía y consulta a la mayor parte de los médicos y farmacéuticos del país.
En 1904, Craveri participó en el II Congreso Médico Latinoamericano, que sesionó en Buenos Aires, donde presentó una memoria acerca del Gautherol: “Compuesto salicílico nuevo para la medicina", y otra sobre la obtención del éter sulfúrico.
Tal importancia alcanzó, que les permitió concurrir a la Exposición Italo-Americana de Génova, con una serie de productos como jabones medicinales, yoduros, bromuros, glicerina, ácido oxálico, dermatol, nitrato de plata, extractos fluidos, y comprimidos. El éxito de este laboratorio, permitió el desarrollo de otras industrias que afianzaron la industria farmacéutica en nuestro país.
En 1909, pasó a integrar una nueva razón social, la que al año siguiente, instaló su nueva fábrica, el Establecimiento Químico y Farmacéutico Craveri, Tagliabue y Cía, con su droguería y farmacia, en Catamarca y Rivadavia en el barrio de Once. En un predio de 4000 m2, las instalaciones comprendían un edificio a la italiana, de planta baja y dos niveles, donde estaban la farmacia, la droguería y las oficinas, y cuatro pabellones de la planta industrial extendidos sobre la calle Catamarca.
La labor de Craveri convivía con sus indagaciones científicas. Así, en 1916, participó en el Primer Congreso Farmacéutico Argentino, donde presentó dos memorias tituladas "Acción de la lactosa y de las aguas sobre el Calomel" y "Contribución al estudio de la absorción del iodo por los cuerpos grasos".
Siendo un empresario con profunda sensibilidad social y preocupado por los riesgos que afrontaba la salud de los trabajadores del fósforo, Craveri fue innovador al crear las cerillas con base de ácido persulfociánico, las mismas que siguen empleándose en nuestros días.
En el antiguo emblema corporativo, con elementos típicos de las primeras farmacias y engalanado con el proverbio latino: Ex umbra in solem, "desde la sombra hacia el sol", se resume el espíritu científico de su fundador.
Innovación tecnológica constante
Una vez modificada la razón social, la Compañía General de Productos Químicos y Farmacéuticos Craveri & Cía, Sociedad Anónima, amplió el predio de la planta de Catamarca 27/45 hasta los 6000 m2 y fue "aggiornada" con maquinarias y técnicas modernas de control de calidad en las diferentes etapas de la producción. La muerte sorprendió al Dr. Giovanni B. Craveri a los 66 años en plena obra en 1926.
Sus herederos continuaron su obra y en 1942, cambiaron su denominación por Craveri Sociedad Anónima Industrial y Comercial. Dos décadas más tarde, en 1962, se trasladaron la planta, los depósitos de materias primas, del material de empaque y de productos terminados, junto con las oficinas comerciales y administrativas al edificio de Arengreen 830, en la zona de Caballito, donde hoy trabajan más de doscientas cincuenta personas. La nueva planta fue objeto de sucesivas reformas para adecuarla al estado del arte de la fabricación de medicamentos y fue en 1995 cuando se realizó una remodelación integral.
Además del tradicional negocio farmacéutico, hoy Craveri cuenta con 6 plantas industriales que le permiten también ofrecer capacidad productiva a otras empresas a través de su Laboratorio de apoyo (Tercerismo). Estas actividades cuentan con varias certificaciones, ANMAT, Invima, ISO 9001 e ISO 14000 entre otras.
En la actualidad una tercera generación de la familia Craveri continúa perpetuando ese espíritu pionero de su fundador. En 1996 incorporó la División Bioingeniería. Este emprendimiento biotecnológico conocido como Ingeniería de Tejidos consiste en la generación de sustitutos biológicos que restauren o mejoren la función de órganos y tejidos dañados utilizando células de un paciente o provenientes de un banco de células. El procedimiento normal exige la toma de una pequeña biopsia de tejido del paciente, de la cual se aíslan, seleccionan y multiplican las células. Una vez obtenido el número celular adecuado, son colocadas en la matriz para generar el tejido tridimensional. Los campos de aplicación de la Ingeniería de Tejidos son inmensos y permiten resolver, entre otros tantos problemas, la escasez de donantes de órganos.
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